Setenta y ocho experiencias de 14 países de la región se presentaron a la convocatoria regional del PNUD “Experiencias que marcan la diferencia: Transversalidad de la igualdad de género en las políticas públicas de América Latina y el Caribe”.

Esta convocatoria tiene como principal objetivo identificar experiencias que muestran avances relevantes y estrategias innovadoras en la aplicación de la estrategia de la transversalidad de la igualdad de género en la región.

Un Comité evaluador, integrado por especialistas con amplia trayectoria en el tema, revisó y analizó las experiencias recibidas.48 de las 78 experiencias han pasado a una segunda ronda de evaluación más profunda, cuyos resultados se darán a conocer a finales de mes de septiembre.

Compartimos algunos datos de la convocatoria. México, Argentina y Colombia fueron los países que más experiencias presentaron. Casi el 60% de las experiencias fueron presentadas por instituciones públicas de los ámbitos nacionales y subnacionales, y alrededor del 30% por organizaciones de la sociedad civil involucradas en procesos de formulación o implementación de políticas públicas. Hay una importante representación de iniciativas desarrolladas en los ámbitos subnacionales (el 60% proceden de gobiernos municipales e intermedios).



Fotointerior78experiencias foto2experiencias                                                                                                               
Poco más del 40% de las experiencias formuló e implementó políticas de igualdad. Un 46% de las experiencias transversalizaron el enfoque de género en políticas sectoriales y algo más del 10% corresponde a experiencias que han implementado estrategias de transversalidad al interior de instituciones y organizaciones. Las áreas sectoriales más presentes en la convocatoria: empleo y protección social, educación, violencia y seguridad.

La igualdad de género supone el pleno y universal derecho de hombres y mujeres al disfrute de la ciudadanía, no solamente política sino también civil y social. Ello no significa que mujeres y hombres deban convertirse en iguales, sino que sus derechos, responsabilidades y oportunidades no dependan de si han nacido hombres o mujeres. El medio para lograr la igualdad es la equidad de género, entendida como la justicia en el tratamiento a mujeres y hombres de acuerdo a sus respectivas necesidades.

Esta convicción ha motivado la lucha histórica de organizaciones de mujeres y feministas en el último siglo. La creación del concepto de género en los años setenta significó un cambio epistemológico sin precedentes y dio lugar a la creación de un amplio conjunto de teorías, enfoques y herramientas que han hecho posible que los distintos actores del desarrollo hayan involucrado paulatinamente en su cotidianidad la noción de igualdad de género.

La IV Conferencia Mundial sobre las Mujeres, realizada en Beijing en 1995, supuso nuevos avances al lograr que la comunidad internacional manifestara su compromiso para alcanzar la igualdad de derechos entre mujeres y hombres. Para ello se identificaron dos estrategias: el mainstreaming de género en todos los procesos de toma de decisiones y en la ejecución de políticas y la estrategia del empoderamiento de las mujeres.

La lucha por la igualdad de género ha sido y es un proceso revolucionario sin precedentes. Sin embargo, siguen quedando muchos retos pendientes en relación a la segregación laboral, la desigualdad salarial, la violencia contra las mujeres, la participación política, la pobreza, la educación, etc. Es sumamente importante que sigamos dando pasos hacia adelante, para conseguir que mujeres y hombres puedan gozar en igualdad de oportunidades y desarrollar libremente todas sus capacidades.

En marzo de 2015, en el 59 periodo de sesiones de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujeres, se realizará un examen de los progresos en las implementación de la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, veinte años después de su adopción. También se evaluarán los desafíos actuales para su aplicación y las oportunidades que se abren para la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres en la nueva agenda de desarrollo posterior a 2015. Este examen se realizará a escala nacional, regional y mundial.

Nuestro trabajo en este área se orienta a:

• Generar aportes conceptuales y metodológicos que permitan avanzar en la práctica de la igualdad y la no discriminación.

• Facilitar espacios de intercambio y diálogo sobre esta temática con diversidad de actores.

• Mostrar evidencias sobre las desigualdades de género persistentes de cara a definir estrategias más efectivas.

• Apoyar a los países en el cumplimiento de los compromisos internacionales en materia de igualdad y no discriminación.

• Posicionar el tema de la igualdad de género en nuestra articulación con actores y socios para darle relevancia política y técnica así como los recursos necesarios.

• Contribuir a mostrar la heterogeneidad y diversidad existente entre hombres y mujeres y cómo esto se traduce en dobles y triples discriminaciones (por su edad, etnia/raza, orientación sexual, identidad de género, etc.)

 

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No hay desarrollo humano posible si no somos capaces de poner fin a la exclusión histórica sufrida por mujeres y hombres en relación a su sexo, origen étnico-racial, identidad de género, orientación sexo-afectiva, su edad, discapacidades o entorno rural o urbano en el que habitan.

 

La pobreza, el desempleo, las dificultades en el acceso a la educación y la salud, la escasa o nula representación política o la violencia son algunos de los problemas que sufren las personas indígenas, afrodescendientes, jóvenes, LGBTI, discapacitadas, rurales y urbanas. Estas desigualdades se agravan en el caso de las mujeres por razones de género lo que limita su capacidad para ampliar las opciones para hacer y ser lo que quiere en la vida.

 

Construir sociedades inclusivas y diversas que permitan la expresión identitaria plena de todas las personas y que respeten el derecho a ser, sentir y desarrollarse libremente es un reto aún pendiente. Para ello, los estados deben reconocer las diferencias en sus constituciones, leyes e instituciones y formular políticas que potencien el ejercicio de los derechos de los grupos históricamente discriminados.

 

 

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El concepto de género impulsado por el feminismo impulsó el desarrollo de los estudios de masculinidades. Estos se centran en la construcción social de la identidad masculina y en cuestionar los modelos hegemónicos de masculinidad. Sin embargo, las particularidades de las realidades latinoamericanas ponen en evidencia que existen diversas concepciones y formas de ser y llegar a ser hombre. Así, se comenzó a hablar de “masculinidades” en plural, considerando el análisis de clase, la edad, el origen étnico-racial, el contexto rural-urbano, etc.

 

En este contexto han ido apareciendo en la región grupos de hombres que pretenden contestar la masculinidad tradicional que se encuentra en el origen de la discriminación contra las mujeres, y contra todos aquellos que no se adecúan a las formas establecidas de ser hombre: dominante, exitoso, racional, heterosexual, agresivo, inexpresivo a nivel emocional, etc. Su trabajo está favoreciendo, sin duda, la construcción de formas alternativas de masculinidad más respetuosas y acordes con el logro de la igualdad de género.

 

Desde que, tanto el Programa de Acción de la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo (1994) como la Plataforma de Acción de Beijing (1995) reconocieran el papel clave de los hombres en el camino a la igualdad, parte de las estrategias, iniciativas y mensajes en materia de igualdad, se han reorientado al trabajo con hombres, especialmente en temas como la violencia contra las mujeres. Sin duda, su involucramiento es indispensable, pero todavía son pocos los hombres que se han comprometido con esta causa. Sigue siendo una asignatura pendiente, cada vez más urgente.

 

 

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El feminismo latinoamericano es sin duda uno de los movimientos socio-políticos más importantes que ha conocido América Latina. El contexto de guerras civiles y regímenes autoritarios predominante en la región unió la lucha de las mujeres con la lucha por la recuperación democrática, vinculando la falta de democracia en lo público con la escasez de relaciones democráticas al interior de las familias. “Democracia en el país y en la casa” fue el un lema para muchos grupos de mujeres en América Latina.


El movimiento feminista ha protagonizado una lucha histórica que ha cuestionado la construcción social hegemónica responsable de la subordinación de las mujeres, y ha logrado generar importantes cambios sociales y culturales. Entre ellos, el desarrollo de un marco legal, a nivel nacional e internacional que reconoce la igualdad de género e incorpora muchos de los derechos específicos de las mujeres, como el derecho a vivir una vida libre de violencia o a la salud sexual y reproductiva.

 

Pero es también un movimiento con una gran capacidad de revisión y de adaptación, no exento de tensiones y conflictos. En los últimos años, la diversidad de las identidades feministas ha sido parte importante de la lucha por el reconocimiento de las diferencias, en el camino hacia la igualdad. Para muchas mujeres, la identidad feminista pasaba por resignificarse como negras, lesbianas, indígenas y/o jóvenes, rompiendo así con el concepto universal “mujer”, que había obviado hasta entonces las desigualdades existentes entre las mujeres en función de su origen étnico-racial, clase social, edad, orientación sexual, etc. Este proceso de reconocimiento de las diferencias ha evidenciado ciertas dificultades para desarrollar agendas comunes que incorporen la diversidad de experiencias y vivencias de opresión de las mujeres, y sus diferentes posiciones y puntos de partida, pero también es muestra de la pluralidad y dinamismo de este movimiento social y político.

 

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