01 Agosto 2015

 

 

Por María Rosa Renzi. Coordinadora de la Unidad de Desarrollo Humano. PNUD Nicaragua

 

El informe 2015 sobre los ODM del Secretario General de las Naciones Unidas. muestra avances en el acceso a oportunidades de hombres y mujeres en sus diferentes contextos culturales.  La proporción de personas viviendo en situación de pobreza extrema pasó de 1.900 millones en 1990 a 836 millones en el 2015, pero para las mujeres ese avance sigue siendo modesto.

¿Por qué digo esto? En América Latina y el Caribe, a pesar de la mejora en el desarrollo humano, la feminización de la pobreza siguió aumentado, pasando de 108 mujeres por cada 100 hombres en 1997 a 117 en el año 2012.


Si bien a nivel mundial las mujeres estamos más presentes en el mercado laboral, también son mayoría las que viven con menos de US$ 4 al día, trabajan en los sectores con bajas remuneraciones, lo que se agrava por la inexistencia o escasez de sistemas de protección social, aumentando la probabilidad de caer en la pobreza.

Este panorama no es muy diferente en Nicaragua. Para entender mejor qué está pasando con las mujeres en el mercado laboral, se realizó un análisis de micro tendencias con base en las encuestas continuas de hogares del INIDE (2009-2012).

Nicaragua registra avances en materia de género en varios de los ODM, particularmente en el acceso a la educación y en un elevado porcentaje de mujeres en cargos de decisión. Pero en el ámbito económico siguen enfrentando desigualdades, principalmente por las condiciones y características de su inserción laboral. Por ello,  desde el PNUD impulsamos el estudio “El mercado laboral de Nicaragua desde un enfoque de género” (Cuaderno de Desarrollo Humano Nro. 6) para profundizar sobre los “frutos difíciles de alcanzar” o entender mejor uno de los núcleos duros en materia de igualdad de género.

El estudio ofrece una mirada integral sobre la situación y condiciones de las mujeres en el mercado laboral desde diferentes ángulos: participación de las mujeres y hombres; la presencia de segmentación y discriminación; la carga de trabajo de mujeres y hombres; la maternidad; entre otros. En definitiva queríamos conocer cómo afecta la división sexual del trabajo en la calidad de la inserción en el mercado laboral de manera objetiva y a través de un análisis estadístico riguroso.

 

Algunas de las conclusiones del estudio son:

– Nicaragua presenta una importante participación de las mujeres en el mercado laboral, siendo superior al promedio de América Latina y el Caribe.  Pero esa participación se da principalmente en el sector informal, en microempresas y en servicios. Sectores donde generalmente los niveles de ingresos son muy bajos. Segregación ocupacional horizontal.

– Hay más probabilidad de que las mujeres estén activas en el mercado laboral cuando tienen acceso a la educación técnica y terciaria. Pero también tienen altos niveles de sobre calificación en sus puestos de trabajo, compensando con estudios los factores de discriminación.  Segregación vertical.

– La presencia de hijos/as menores de 6 años, de personas de la tercera edad y el trabajo no remunerado y de cuidado en el hogar, limitan las trayectorias laborales y profesionales de las mujeres. Ellas dedican al día 4 horas más que los hombres al trabajo doméstico.  Esta situación no cambia en tiempos de crisis ni cuando mejora la situación de los hogares.

– La brecha bruta mensual de ingreso de las mujeres es 30% con relación al de los hombres. Factores no observados son los que explican la mayor parte de la misma, incidiendo principalmente en la parte alta de la distribución. Por el contrario, en la parte baja de la distribución, la brecha de ingreso se explica a las diferencias de años de educación, edad y características laborales.

Los análisis cuantitativos no dan cuenta de los elementos subjetivos que están presentes en una sociedad patriarcal. De allí que las conclusiones del estudio nos interpelan para buscar respuestas a los interrogantes que no hemos podido responder con el mismo.

En ese sentido, los aportes y compromisos realizados por la Alianza Universidad – Empresa con quien presentamos el estudio el 14 de julio, están creando condiciones para profundizar la reflexión en la sociedad nicaragüense y ayude a identificar los factores que tenemos que revertir para contribuir a que las mujeres logren avanzar en calidad de participación laboral como lo han hecho en cantidad.

Las universidades tienen la responsabilidad de formar profesionales jóvenes, en el futuro tomadores/as de decisión.  La introducción de la perspectiva de género en los diseños curriculares y abrir espacios para que las mujeres puedan entrar en carreras consideradas “no tradicionales”, es un imperativo para el cambio de mentalidad e incidir en los factores que discriminan a las mujeres.

Por su parte, el sector privado es un actor clave en la generación de empleo. Debe impulsar medidas de acción positiva promoviendo la contratación de mujeres, reconociéndoles sus capacidades con justa remuneración y contribuir con acciones orientadas a cubrir las necesidades de la economía del cuidado tanto para mujeres como para hombres.

Se trata de desmontar imaginarios sociales y estigmas que castigan a las mujeres porque se las considera menos productivas o porque conllevan mayores costos a las empresas y se fomenta la corresponsabilidad en los hombres.

Promover el empoderamiento de las mujeres requiere de acciones orientadas a aliviar y compartir la reproducción social. Esto es necesario para mejorar las condiciones de la participación de las mujeres en el mercado laboral pero también para que puedan aspirar a la movilidad social, sin que ello implique enfrentarse a la eterna contradicción entre la vida pública y privada.

 

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Fuente: Revista Humanum