28 Marzo 2016

 

 

Marzo, 2016. Andrea Castaño de la Torre

La población rural de América Latina y el Caribe se encuentra en altas desventajas en casi todos los indicadores de desarrollo, y estas aumentan sustantivamente si se desagregan por género y por nivel de ingresos, siendo las mujeres rurales uno de los grupos poblacionales que presenta profundas desigualdades y discriminaciones . En América Latina, un 43.3% de la población total rural corresponde a mujeres en situación de pobreza por ingresos (CEPAL, 2015), cuya principal actividad económica suele ser la agrícola, sector de una menor productividad y competitividad que otros sectores de la economía (OCDE 2012). La producción para el autoconsumo, es respuesta a las escasas oportunidades en las zonas rurales para generar ingresos; debido a que las opciones laborales son generalmente pocas y el empleo formal fuera del sector público es escaso (Ramírez, Zubieta y Bedoya 2014). Las bajas tasas de ocupación de las mujeres rurales reflejan está situación.

De igual manera, los mercados de trabajo, y los mercados asociados a las economías verdes presentan una alta segregación ocupacional horizontal (entre sectores productivos y áreas de trabajo) y segregación ocupacional vertical (entre niveles de jerarquía de las organizaciones) entre hombres y mujeres, convirtiéndose en un fenómeno latente que perjudica la productividad y competitividad de los sectores. La proporción de hombres es mayor en artes y oficios, operaciones de planta y maquinaria, ocupaciones legislativas y de alta dirección ; sectores económicos que tienden a recibir mayores remuneraciones y a tener menores tasas de informalidad. Por su parte la presencia de mujeres en el sector industrial de la región, con mejores salarios y condiciones de trabajo, es muy baja (37%), mientras que su presencia en aquellos sectores, con condiciones de trabajo más precarias, como el sector de servicios, es desproporcionadamente más alta (73%). En la mayoría de las regiones, las mujeres también son más propensas a desempeñar "empleos vulnerables", trabajando por cuenta propia o en contextos informales en los que los ingresos son frágiles y que ofrecen poca o ninguna protección y seguridad social .

En ese sentido, resulta fundamental incorporar un enfoque de género en el abordaje de la Economía Verde, impulsando por ejemplo, procesos de creación de empleo verde donde la incorporación de mujeres en sectores históricamente masculinos sea un pilar de las políticas de generación de empleo. Así mismo, respecto al enverdecimiento de los empleos existentes, se hace necesario fortalecer los pisos de protección social en sectores feminizados y actualmente precarios. Y en cuanto a la modernización de los métodos de producción, el análisis de patrones de consumo verde y el empoderamiento económico de una generación verde donde las mujeres lideran procesos de innovación, de cambios de patrones culturales y de conciencia intergeneracional, resultan ser elementos dinamizadores de nuevos nichos de mercado con consumo sostenible.

Algunas experiencias e instrumentos de políticas, que se presentaron en el Primer Foro Regional para América Latina y el Caribe sobre Economía Verde, así como de estrategias nacionales y sectoriales para promover la adopción de economías verdes e inclusivas en América Latina , ponen sobre la mesa algunos temas centrales a abordar en el marco de debate:

i. Instrumentos de políticas macroeconómicas, con particular énfasis en las políticas fiscales, laborales, comerciales e industriales que pueden promover la transición hacia una economía verde, es indispensables pensarlas relavando las desigualdades y brechas de género persistentes en nuestras economías y mercados laborales.

ii. Herramientas de modelos cuantitativos, por ejemplo: revisión de gastos ambientales, contabilidad de la riqueza ambiental, evaluaciones de la industria verde, evaluación de los empleos verdes, Targeted Scenario Analysis (TSA) y enfoques sobre la economía de los ecosistemas y la biodiversidad (TEEB) y el uso de indicadores/índices para evaluar y monitorear a la implementación de políticas, deben analizar el impacto diferenciado de estas acciones para las poblaciones en mayores situaciones de vulnerabilidad y exclusión. Realizando análisis interseccionales por género, étnico y ciclo de vida.

iii. Factores que impulsan el cambio: competencias para los empleos verdes, empresas sostenibles, contabilidad del capital natural, emprendimiento verde, esquemas de inclusión social y protección social aplicados a los programas ambientales. Donde la igualdad de género y la autonomía económica de las mujeres son factores de éxito de este cambio.

iv. Enfoques sectoriales e intersectoriales, incluyendo la promoción de la eco-innovación en diferentes sectores económicos y cadenas de valor (por ejemplo, gestión de desechos, construcción, energía renovable), promoviendo la inserción y permanencia de mujeres en estos sectores altamente masculinizados, a partir de alianzas en los sistemas educativos, de educación para el trabajo y revisando los procesos de reclutamiento, selección y desarrollo profesional en estos sectores.

v. Participación del sector privado, financiero y las asociaciones público-privadas en la transición hacia una economía verde.

La economía verde es un camino para llegar al desarrollo sostenible. Y no hay desarrollo sostenible sin inserción y permanencia de las mujeres en el mercado laboral. La nueva Agenda 2030 hace un llamado de no dejar a nadie atrás, por tanto la igualdad de género y la autonomía de las mujeres, es un requisito indispensable para todas las estrategias de desarrollo sostenible.

 

Bibliografia de referencia:

 

Reflexiones a partir de la participación del Primer Foro Regional para América Latina y el Caribe sobre Economía Verde, realizado en Cartagena de Indias del 2 al 6 de noviembre de 2015, organizado por PAGE, con apoyo de CIF-OIT y el Centro Regional del PNUD para América Latina y el Caribe. http://www.ilo.org/global/docs/WCMS_406443/lang--es/index.htm

Informe de Desarrollo Humano, PNUD, 2015.

Informe “Panorama general Informe sobre Desarrollo Humano 2015. Trabajo al servicio del desarrollo humano” PNUD, 2015.