Por: Almudena Montoliú García, Equipo GRD, PNUD Chile

La experiencia de los últimos desastres en Chile demuestra que son las mujeres los pilares que mantienen organizadas a sus comunidades cuando estas se ven afectadas. Lamentablemente, esas capacidades muchas veces se ven mermadas con el paso del tiempo debido a la falta de reforzamiento por parte del Estado, o al desgaste emocional de dichas lideresas al tener que cumplir múltiples roles, lidiando al mismo tiempo con la desigualdad que ya traían consigo. La vinculación de la GRD con el enfoque de género se refiere, por lo tanto, a la necesidad de otorgar una voz, una opinión, o lo que es lo mismo, reconocer su derecho a tener oportunidades equivalentes de acceso y de protección, sea cual sea el contexto en el que se encuentren.

 

El nivel de afectación de las personas frente a un desastre depende de las condiciones estructurales preexistentes. Estas determinan el tipo de impacto que tendrán en el largo plazo y la capacidad de los y las afectadas para reponerse ante dicha situación.

En un contexto de emergencia, la vulnerabilidad se asocia al rol de las mujeres.

Sus condiciones previas de desigualdad se ven incrementadas en un desastre y, por lo tanto, se requiere de una estrategia de respuesta y recuperación con un enfoque de igualdad de género, para que los programas generen efectivamente los beneficios esperados para todos y todas.

La Gestión de Riesgo de Desastres es un enfoque transversal al desarrollo sostenible de las personas, por lo que un determinado evento -por muy desastroso que sea-, no puede plantearse como una situación disociada del proceso mismo de desarrollo.

Foto portada Lanzamiento de Estandares Nacionales para la respuesta a Emergencias en Chile

Almudena Montoliú García

Asesora de GRD en el Área de Desarrollo Loca y GRD del PNUD, Chile

Los actores humanitarios y de desarrollo deben intervenir con una mirada a corto plazo en cuanto a la cobertura de las necesidades básicas, pero deben tener también una mirada de largo plazo para asegurar que sus acciones no generarán efectos adversos en el acceso a oportunidades de desarrollo futuro. Para esto, es necesario implementar procesos de planificación, analizando la realidad socioeconómica y cultural, así como los niveles de participación de las personas que conviven en el territorio, creando escenarios hipotéticos de riesgo para evaluar cuáles serán las necesidades diferenciadas de los grupos existentes.

El desarrollo de capacidades y de procesos de participación activa de las mujeres en todas las fases del Ciclo de la GRD, debe ser parte de la estrategia para la reducción de la vulnerabilidad y requiere de mecanismos constantes de intervención para que en cualquier fase en que las mujeres se encuentren, tengan las herramientas suficientes para que sus derechos no sean transgredidos.

La experiencia internacional ha demostrado que en las emergencias, las mujeres suelen sufrir mayor número de abusos y vulneración de sus derechos. Por ejemplo, la falta de alumbrado en las zonas cercanas a baños de emergencias, puede favorecer los ataques de índole sexual; el no ser consideradas personal “válido” para actividades de recuperación en las que se requiere fuerza, limita su acceso a ingresos autónomos; la ausencia de productos de higiene personal adecuados (por ejemplo, papeleras higiénicas en los baños públicos de emergencia,  preservativos en los kit de higiene o chuchillas de afeitar), genera condiciones que afectan su dignidad.

Junto con la necesidad de trabajar en lo anterior, es importante indicar que toda crisis es también una oportunidad. Las crisis impulsan, por ejemplo, la aparición de nuevos liderazgos.

La experiencia de los últimos desastres en Chile demuestra que son las mujeres los pilares que mantienen organizadas a sus comunidades cuando estas se ven afectadas. Lamentablemente, esas capacidades muchas veces se ven mermadas con el paso del tiempo debido a la falta de reforzamiento por parte del Estado, o al desgaste emocional de dichas lideresas al tener que cumplir múltiples roles, lidiando al mismo tiempo con la desigualdad que ya traían consigo.

La vinculación de la GRD con el enfoque de género se refiere, por lo tanto, a la necesidad de otorgar una voz, una opinión, o lo que es lo mismo, reconocer su derecho a tener oportunidades equivalentes de acceso y de protección, sea cual sea el contexto en el que se encuentren.  Debemos impulsar el cambio de roles sustituyendo aquel en que las mujeres “deben evacuar primero”, por otro basado en el enfoque de Desarrollo Humano, donde estas son reconocidas en sus fortalezas y capacidades al igual que sus compañeros.

Durante el último año y medio, PNUD Chile junto a la Oficina Nacional de Emergencias -ONEMI- dependiente del Ministerio del Interior y Seguridad Pública y otras 20 instituciones públicas del Estado, han trabajado en la adecuación de estándares internacionales para los procesos de respuesta a emergencias en Chile. El día 18 de octubre se presentaron los 35 estándares nacionales trabajados de forma oficial, los que se basan en los principios de calidad y rendición de cuentas con el fin de salvaguardar la dignidad de las personas en las emergencias.  Estos mínimos garantes de protección, incorporan el enfoque de igualdad de género en a través de la incorporación de insumos como un silbato, cuchillas de afeitar y preservativos en el kit de higiene de mujeres; introducir el cuarto de baño como un módulo interno a la vivienda transitoria de emergencias; promover un bono para la compra de ropa interior y desarrollar programas de participación activa para la toma de decisiones comunitarias, donde debe haber un porcentaje mínimo obligatorio de representación femenina.