Por: PNUD COLOMBIA
15 Mayo 2019

En la vereda Vetas Central, en el corregimiento La Gabarra, municipio de Tibú en Norte de Santander al noreste de Colombia, 15 mujeres están siendo parte de una nueva historia.


A través de la producción de huevos de gallina han logrado transformar la vida de sus familias y su territorio. Han tenido el coraje suficiente para demostrar que las mujeres pueden contribuir a la generación de ingresos en el hogar, fortalecer la seguridad alimentaria de sus hijos y reparar las secuelas que, tiempo atrás, les dejó el conflicto armado.

Hasta hace apenas unos meses, cuando la granja avícola que ellas administran no había comenzado a producir, los huevos que consumían los pobladores de Vetas Central venían de Bucaramanga, una ciudad ubicada a unas 9 horas de distancia. La situación empezó a cambiar desde hace dos meses cuando 2.500 gallinas ponedoras comenzaron a producir un poco más de 2.000 huevos diarios y con ello, alimentar buena parte de la comunidad. Son huevos campesinos de alta calidad que se distribuye en los supermercados de La Gabarra y Tibú a un precio promedio de $7.500 por 30 unidades.

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El emprendimiento Huevos Catatumbo, que reúne a 15 mujeres de la zona, materializa una medida de reparación colectiva que lidera el Ministerio del Trabajo con el apoyo técnico del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo- PNUD para promover el potencial productivo y laboral de comunidades víctimas del conflicto a través del fortalecimiento de sus negocios inclusivos.

Yoladys Esquivel de 32 años es la representante legal de la Asociación de mujeres emprendedoras activas Vetas Central – ASOMEA. Desde 2012 viene trabajando en la creación de una asociación que reivindicara el papel de las mujeres dentro de la familia y les permitiera empoderarse social y económicamente. “Aquí no había asociaciones de mujeres, yo quise sacar una porque la realidad de las mujeres ha sido muy olvidada, siempre nos había tocado depender de los hombres y con esta asociación quisimos demostrar que las mujeres sí podemos salir adelante y que somos capaces de vivir sin machismo”, asegura Yoladys madre de dos niños de 4 y 8 años.

 

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Yoladys cuenta que al principio les costó mucho organizarse debido a la presencia de grupos armados y la negativa de los esposos por dejar salir a las mujeres a trabajar y conseguir sus propios recursos.

 

Teníamos muchos problemas y cuando no era una cosa era la otra, pero seguimos reuniéndonos y volvimos a levantarnos. Hoy estoy orgullosa de las mujeres con las que trabajo y por todo lo que hemos logrado”, afirma entusiasta.

 

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A través del programa Emprendiendo Sueños del Ministerio del Trabajo y el PNUD, las mujeres tuvieron los recursos suficientes para construir la infraestructura física, comprar la planta eléctrica, la motobomba y demás insumos para la producción avícola. Tuvieron acompañamiento para el registro de la marca y diseño de su empaque e imagen gráfica. Próximamente recibirán otras 4.000 gallinas y recursos para terminar de adecuar la infraestructura productiva y de manejo.

Adicionalmente cuentan con instructores que les han dado asistencia técnica y asesoría financiera para manejar su emprendimiento. “Hemos aprendido cómo debe ser el cuidado de las gallinas, cómo se les da la comida y qué hacer cuando se enferman. Nosotras mismas estamos encargadas de todo el proceso productivo y de la comercialización. El problema es que tenemos bastante pedido y nos están haciendo falta más huevo. Estamos ahorrando, queremos tener unas diez mil aves y que la producción sea suficiente para atender los pedidos” sostiene Yoladys, quien ya lleva un año liderando el proyecto en el que hay mujeres de 27 hasta 68 años.

Antes de convertirse en emprendedoras, la mayoría de las mujeres de la asociación eran amas de casa que se dedicaban exclusivamente a las labores del hogar o a la venta de productos por catálogo. Ahora muchas de ellas sueñan con tener sus propios negocios y sacar a sus hijos adelante. A través del trabajo en la asociación han logrado demostrarles a sus esposos que pueden trabajar y contribuir con los gastos del hogar.

 

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“Estoy muy contenta y orgullosa de este proyecto. Fui encaminando poco a poco a las mujeres y ya estamos viendo los resultados. A uno de los hombres que no quería que la esposa trabajara lo vi el otro día dándole comida a las aves, estamos empezando a cambiar las cosas”, afirma Yoladys quién además recibe capacitación en derechos humanos y logró un contrato con el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar del corregimiento para vender entre 600 a 1.200 bandejas de huevo mensuales durante 10 meses.

 

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El evento de inauguración del proyecto avícola contó con la presencia de representantes del Ministerio del Trabajo, el Ejército, el Concejo municipal, el comité de impulso, el Instituto Colombiano Agropecuario, la Misión de Verificación de la ONU en Colombia, las juntas de acción comunal de veredas vecinas y el PNUD.

La Gabarra fue un corregimiento que vivió los estragos de los grupos paramilitares y el conflicto armado. Muchas familias fueron desplazadas y muchas mujeres perdieron a sus seres queridos. Nadie quiere volver a vivir la guerra y las mujeres de ASOMEA están aferradas a sus gallinas para que no se les arrebate su derecho a vivir en paz.

 

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Footnotes: Conozca más sobre el proyecto Empremdimiento y empleabilidad para familias rurales víctimas del conflicto armado en: https://bit.ly/2GsI3st

 

Fuente: https://pnudcolombia.exposure.co/volvimos-a-levantarnos