31 Agosto 2020
Por: Andrea Quesada, Consultora experta en género, ambiente y desarrollo sostenible del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo

Desde el Río Bravo hasta la Patagonia, miles de jóvenes en América Latina preocupados por su presente y futuro lideran la acción climática y exigen vivir en un planeta más verde y saludable para ellos y ellas. Para estas personas jóvenes el cambio climático es una realidad, UNICEF estima que más de 63 millones de niñas, niños y adolescentes en América Latina y el Caribe han sido afectados por un evento climático extremo o un desastre climático por los últimos 30 años1


En promedio, aproximadamente 2.1 millones de niños y niñas de América Latina y el Caribe se ven afectados cada año por los impactos de la crisis climática. Desafortunadamente este número cada día será mayor y los impactos no se sentirán por igual, no es mismo ser un hombre joven en una comunidad costera del Golfo de Fonseca que se da cuenta como cambia la salinidad y desaparecen las comunidades de especies marianas de las que dependen su trabajo o ser una mujer joven aimara que viven en medio de los Andes mirando como se desaparecen los glaciares de sus montañas o como cada día es más difícil predecir el mejor momento para plantar cosechas; o niño en Bogotá que llega de la escuela y no podrá lavarse la manos otro día más por la afectación en la disponibilidad de agua; o una niña en Roseau que escucha asustada que se aproxima un Huracán tan grande como María.  

 

Las soluciones a problemas complejos requieren del mayor número de voces, por ello es necesario garantizar que los y las jóvenes que provengan de diferentes entornos urbanos y rurales y que experimenten el cambio climático y sus impactos de manera diferentes pueden participar activamente en la toma de decisiones relacionado con el cambio climático. Únicamente si escuchamos la diversidad de sus voces será posible proponer oportunidades de desarrollo innovadoras y reales que les permitan a estas nuevas generaciones incrementar su productividad al mismo tiempo que incrementan su resiliencia. Es por ello, que el PNUD se ha comprometido a promover el involucramiento de las personas jóvenes en la implementación de la promesa climática y en los procesos de revisión de las NDC.  

En nuestra región de ALC, 13 de los 25 países de la Promesa Climática han incluido actividades para promover la participación de los jóvenes para la mejora de las NDC. Las actividades son variadas y van desde la participación de los jóvenes en las consultas públicas hasta la ampliación y la conexión de campañas de promoción dirigidas por jóvenes para informar a las NDC. Aun más, Muchos de estos países incluso se han comprometido a garantizar que estos procesos reflejen la diversidad de personas jóvenes que existen en el país y que las voces las mujeres jóvenes sean tomadas en cuenta y sus ideas se vean reflejadas en las propuestas climáticas.  

Para complicar las cosas aun más estas personas jóvenes, niños y niñas viven en la región más afectada por la pandemia del COVID-19, exacerbando aun más sus vulnerabilidades diferenciadas y limitando sus oportunidades de educarse, trabajar en empleos decentes y desarrollarse a plenitud en todos los aspectos de su vida. Por ello, los procesos de recuperación deben promuevan claramente una transición basada en el clima y en la naturaleza que permita recuperar el equilibrio entre las personas y el planeta. Para lograr que esta recuperación sea verde, creativa, efectiva, eficiente y sostenible es necesario que las personas jóvenes se encuentren en el epicentro de la toma de decisiones y sus voces, ideas, preferencias y necesidades guíen las propuestas para construir mejor.

 

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[1] Basado en los datos EM-DAT de eventos de emergencia

 

 

Temática Medio ambiente y cambio climático