10 Noviembre 2015

EN BREVE:

A lo largo del ciclo de vida, las mujeres, enfrentan diferentes formas de exclusión, discriminación y violencia. Las mujeres están sobre representadas en los índices de pobreza y tienen una acceso y control desigual de los activos físicos y financieros así como acceso a los derechos legales y servicios básicos, incluidos la salud, la educación y la justicia. Asimismo las mujeres realizan tres veces más v las tareas domésticas y de cuidados no remunerados. Todas estas barreras que enfrentan las mujeres son factores que contribuyen a su empobrecimiento y limitan su pleno desarrollo humano.

Contar con medidas específicas de pobreza multidimensional que analicen dichas desigualdades así como se dimensiona la pobreza femenina es muy importante para cerrar las brechas de género y para implementar políticas públicas que aborden directamente las causas estructurales del empobrecimiento de estas.

En 2010, el PNUD y el Oxford Poverty and Human Development Initiative (OPHI) introdujeron el Índice de Pobreza Multidimensional (IPM) Global basado en la metodología Alkire-Foster. Este índice incorpora indicadores en tres dimensiones: salud, educación y calidad de vida. Alrededor de veinte países en América Latina y el Caribe cuentan con el IPM Global, mientras que diez países han desarrollado su IPM Nacional, colocando a la región a la vanguardia del desarrollo de medidas de pobreza multidimensional

En América Latina y el Caribe, las evidencias muestran que las mujeres se enfrentan a una limitada representación en los espacios de toma de decisiones, a una mayor pobreza de tiempo y de ingreso y a limitaciones de acceso y control de los activos productivos y financieros. A pesar de los avances y de los logros que se alcanzaron en la reducción de la pobreza, ésta se feminizó a lo largo de la última década, mayormente en las zonas rurales.  El concepto de “feminización de la pobreza” refiere a tres principios: Las mujeres son el grupo más vulnerable y en el cual la pobreza es más importante. La proporción de mujeres pobres sigue aumentando en comparación a la de los hombres. La cara cambiante de la pobreza está vinculada a la feminización de la jefatura de los hogares.

En este sentido, la pobreza de las mujeres debe considerarse como un problema multidimensional en el cual se debe analizar las desigualdades estructurales que las afectan, las desigualdades de acceso y control de recursos, las brechas laborales, la falta de entornos seguros para ellas, la violencia, y los diferentes obstáculos que deben sortear para un mayor empoderamiento económico, político o físico. En consecuencia, resulta necesario usar una concepción más amplia de la pobreza, que no se limite a los ingresos, y analizar un panorama global para identificar las situaciones particulares que experimentan las mujeres, mostrando que no todas las mujeres están igualmente posicionadas en las estructuras sociales.

En esta sección encontrarán información, investigaciones y datos sobre el desarrollo humano y las desigualdades de género, así como el trabajo de pobreza multidimensional desde una perspectiva de igualdad de género y empoderamiento de las mujeres.


 

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