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Dicen que el mundo no será igual después del coronavirus (COVID-19). Y es cierto. Todo lo que conocemos está cambiando de manera excepcional, pero aún podemos elegir de qué

manera dirigir y lograr estos cambios. En emergencias sanitarias como esta —suscitada por el brote del COVID-19 que ahora se extiende en 168 países— las desigualdades preexistentes se acentúan todavía más, siendo las de género las que se manifiestan transversalmente en distintos ámbitos.

Según la Organización Mundial de la Salud, más del 70% del personal sociosanitario en el mundo es femenino, por tanto, son ellas quienes están en la primera línea de la respuesta a esta emergencia y quienes están asumiendo mayores costos físicos, económicos, emocionales, laborales y de cuidado, representando a su vez un mayor riesgo de contagio para ellas.

 

Pero este escenario se traslada, también, a otros cuidados que desde antes de la pandemia ya eran asumidos por las mujeres en gran medida sin remuneración. De acuerdo con el Índice de Desarrollo Humano del PNUD, más del 75% del tiempo dedicado al hogar, que incluyen las labores de cuidado, suele recaer en las mujeres. Las mujeres trabajan más que los hombres, porque se encargan de labores invisibilizadas como las actividades asistenciales no remuneradas. Esta realidad hace que las mujeres estén siendo más afectadas en esta crisis debido por ejemplo al cierre de las escuelas y el cuidado de las personas enfermas.

 

De hecho, en estos días de teletrabajo —modalidad que en muchas partes del mundo se está experimentando para frenar el brote— las mujeres son quienes tienen que esquivar mayores dificultades para cumplir con su trabajo remunerado y, a su vez, con los roles de cuidado que históricamente les han sido impuestos.

Por si fuera poco, en esta emergencia, según ONU Mujeres, se incrementan los riesgos de violencia contra las mujeres y las niñas. Las tensiones en el hogar se exacerban y, con las limitaciones de circulación, se restringen las posibilidades de ellas para huir y encontrar ayuda. Abuso y control en un espacio sin salida, donde la víctima convive con su agresor.

Entonces, ¿quién cuida a las que cuidan? Esa es una pregunta que nos sacude por estos días.

 

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En el Perú, donde el gobierno ha decretado el aislamiento social para enfrentar la pandemia, las mujeres trabajan 23 horas con 35 minutos más que los hombres en la actividad doméstica -que incluye tanto los quehaceres domésticos como los de cuidado de niños, niñas, personas adultas mayores, familiares con discapacidad o familiares enfermos- trabajo por el que no reciben pago alguno.

Para el PNUD Perú, resulta importante enfrentar la desigualdad basada en género, pues en todas las regiones del país un indicador específico como el Índice de Desigualdad de Género (IDG) ofrece una muestra de estas inequidades. De acuerdo con este, en el Perú los hombres participan en el mercado laboral en un 82.6 %, mientras que las mujeres en un 65%, lo que representan una brecha de más del 15%.

Ahora con el aislamiento social y el trabajo a distancia desaparecen las barreras físicas entre el trabajo remunerado y no remunerado, suponiendo una carga mucho mayor de trabajo que las mujeres terminan asumiendo. Una carga que, tal como argumenta la investigadora Marcela Huaita, provocará una reducción de sus ingresos, pues serán ellas “a quienes se les alargará la jornada diaria; y quienes estarán más expuestas al dar el cuidado a familiares afectados por el COVID-19”.

 

Por todo esto es indispensable que, como ha señalado el director regional del PNUD para América Latina y el Caribe, Luis Felipe López-Calva, recordemos “que las enfermedades discriminan, y los más vulnerables entre nosotros pueden ser los que corren más riesgo en esta situación. De hecho, no es solo la edad lo que hace a las personas más vulnerables, sino también la situación socioeconómica de uno.”

 

En esa línea, esta es una oportunidad para enfatizar en que el sistema de cuidados es un compromiso del Gobierno peruano para este año 2020. Seamos vigilantes para que este se concrete y, ante todo, impulsemos que la dimensión de género sea un eje central y transversal en toda respuesta. Así las mujeres serán implicadas en todas las fases y en la toma de decisiones nacionales y locales, entendiendo los impactos diferenciados que esta crisis está teniendo en ellas, y por sobre todo, repensando estos sesgos y normas sociales discriminatorias tan arraigados en nuestras sociedades que en estos días de aislamiento se nos hacen tan visibles. Esta es una oportunidad sin precedentes para revertir estas desigualdades persistentes, deconstruirlas y transformarlas.

Ya lo dijo el analista Ignacio Escobar en el Washington Post, “el coronavirus va a ser para el teletrabajo lo mismo que fue la Primera Guerra Mundial para la incorporación de la mujer al mercado laboral”. Pero este teletrabajo no debe incrementar las brechas entre hombres y mujeres, sino todo lo contrario. Mirar esta pandemia en clave de género es un paso obligado para elegir qué queremos una vez que esto pase. Para lograr transformarnos como sociedad y curarnos en lo sanitario y social.

 

Fuente: https://pnudgenero.lamula.pe/2020/03/23/cuidar-a-las-que-cuidan/pnudperugenero/